19/4/18

A su amor






     El otro día y no se por qué –o sí- me vino a la memoria una frase que decía mi madre con frecuencia y que yo tenía olvidada: Dejarlo a su amor. Una frase que podía aplicarse tanto a personas como a cosas, pues se podía “dejar a su amor” a alguien que se había enfadado para que se le pasara el enfado, o también a una planta recién sembrada que no terminaba de arraigar. Déjala a su amor, no intervengas, no la fuerces, que ella sola borre de su corazón el rencor  o vaya introduciendo sus raíces en la tierra. 

     Recordando ahora esto, pienso lo bien colocada que estaba ahí la palabra amor cuando se refería a las personas, pues es el amor, el cariño, los afectos, los que, a fin de cuentas, lo mueven todo, lo resuelven todo. Y su antagónico, el odio, el que lo enturbia todo, lo destroza todo. 


11/4/18

A mi juicio



Foto de EFE en El Correo.com

     Hace muchos años, al inicio de la Democracia, en una conferencia y sin que viniera muy a pelo, el conferenciante dijo de paso: “Y entonces, el enano Carrillo”… La conferencia estuvo bien, era un catedrático de la UGR y aunque no recuerdo el tema concreto, supongo que trataría de la asignatura que impartía: Literatura. Al final, en el coloquio, me atreví a decirle que su conferencia me había gustado, pero me había dejado un mal sabor de boca la mención a Carrillo, porque “se empieza llamando enano a un hombre bajito y se termina quemando judíos”. Y es que yo pienso que se puede descalificar a una persona por lo que hace, por lo que dice y hasta por lo que piensa, pero nunca por lo que le viene dado y de lo que no es responsable. Y a Santiago Carrillo se le podían criticar cosas de su pasado y su presente, pero nunca su estatura.  

     Esto viene a que, desde hace tiempo, vengo viendo en las redes sociales y en los memes que nos llegan al móvil, menciones risibles y despreciativas a una de las hijas del rey Juan Carlos, poniendo en duda sus dotes intelectuales, mientras –curiosamente- se menciona mucho menos a la otra hija y su “No se”, “No me enteré”, “No recuerdo”.  O sea, se critica y se ridiculiza lo involuntario más que lo voluntario. Y eso no. A mi juicio, claro.

3/4/18

Un mundo tecnológico







     Jueves Santo a las cinco de la tarde. Me dispongo a programar la grabación de una película en el disco duro de mi DVD, para no confiar en que la memoria me avise a tiempo de darle al REC en el momento justo.  Enciendo el televisor y me encuentro con que no hay señal de TV. Nada. Ninguna cadena. Solo el clásico “empedrado” blanco y negro.  Lo primero que pienso es que el televisor ha palmado, nada extraño dados los años que tiene, pero no, compruebo que reproduce lo grabado en el disco duro y en un disco. O sea, que toca preguntar a los vecinos si ellos también tienen el mismo problema y, como ahora nos ampara la tecnología, no es necesario ir de puerta en puerta ni telefonear, que es más inoportuno, sino que envío una circular a los que tengo en mis contactos de Whatsapp, que son, como es lógico, los que más trato.
  
     De principio, excluyo al 5ºC porque se que está ausente.

     El 5ºB me responde casi inmediatamente diciendo que no se encuentra en Granada y se interesa por el tipo de avería que detecto.
  
     El 3ºA debe tener el móvil apagado o estar en un lugar donde no pueda usar el programa, ya que no le llega el mensaje. Solo una “palomita” en gris oscuro.

     El 4ºA me dice que está en la calle y volverá tarde. O sea, que está de procesiones.

     El 2ºB no contesta ni ve el mensaje. Dos “palomitas” en gris.
  
     Desisto entonces, por el momento, de programar la película y apago el televisor.

     Un rato después me llega la respuesta del 2ºB diciendo que también está fuera de la ciudad.

      Hora y media más tarde vuelvo a encender el televisor y ha vuelto la señal. Programo la película. La tecnología responde. Viva la tecnología.
  
     Pero en ese tiempo he comprobado que estoy sola.

25/3/18

La firma






     Hemos dejado atrás (aunque no del todo) la época de las preferentes y demás “productos” que los bancos colocaron a quien se puso a tiro, y de ella hemos sacado un poco de más experiencia y mucha pérdida de tiempo en las gestiones bancarias, ya que se han multiplicado los documentos que tenemos que firmar para cualquier trámite que hagamos.  Que si el contrato de servicios, que si el test de idoneidad, que si otro contrato para operar on line… Contratos y test que se dice que son para más seguridad del cliente, aunque en realidad están cubriendo la espalda al banco. 

     Pero no es de eso de lo que voy a hablar, sino de la firma que estampamos en estos documentos dando nuestra conformidad con lo que aparece escrito en ellos. Y yo me pregunto: ¿De verdad es así? Porque lo que estoy experimentando es que dejo mi firma en una tableta en la que solo aparece el casillero para esa firma y, como mucho, otro para la del director o empleado.  ¿Cómo se, entonces, lo que estoy firmando?  Más de una vez lo he dicho al firmar y he hecho que me impriman el documento con mi firma debajo. Que es lo que deberíamos hacer siempre, pues este sistema, a la larga, va a traer consecuencias similares a aquellas por las que ya hemos pasado estos años atrás.
  

15/3/18

Los mayores y la informática





     Hace unos meses, tuve que llevar a reparar el portátil y, como pesa bastante (al menos para mí) me acompañó un amigo joven que cargó con él. Tomamos el Metro, llegamos a la tienda, entramos, mi amigo con el portátil, que deja en el mostrador, y el chico que atiende se dirige a él preguntando que le ocurre. Mi amigo se aparta, se pone a mirar los artículos de la tienda y, entonces, al chico no le queda otra que dirigirse a mí, que le explico el problema del ordenador.
     ¿Qué ha ocurrido? Pues lo de siempre. Que entre una mujer mayor y un hombre joven, el de la tienda da por supuesto que yo voy de acompañante. O, como mucho, que el ordenador es mío, pero como no tengo ni idea, el joven me acompaña para dar la cara y explicar la avería.
     Cuando lo comentamos después, mi amigo está un poco cortado, como si pensara que yo voy a ofenderme por eso o que me puede haber molestado que él tuviera que apartarse para que me atendieran a mí, pero yo le digo que es “normal”, que siempre ocurre así y lo tengo asumido. Tengo asumido desde hace muchos años que, si entro en una tienda de informática, me miran como diciendo: Señora, el supermercado está más abajo… Pero lo que sí me molesta es cuando atienden a todo el mundo antes que a mí, dando por supuesto que yo no compro, que solo miro por curiosidad aquellos chismes que no se ni lo que son. Eso sí me ha hecho salir de una tienda y no volver nunca.  

6/3/18

Me Too




     Hace unas semanas, el amigo Tawaki publicó una entrada un tanto polémica en la que no comenté porque no tenía clara mi opinión sobre el tema que planteaba.  Hoy, mirando en televisión (que no oyendo) un resumen de la ceremonia de los Oscar, he notado que algo no me encajaba cuando he visto una señora -que no se quien es- pronunciando un discurso muy aplaudido sobre todo por las mujeres, he leído un rótulo que decía: Reivindicación del Me Too y, a continuación, he visto posar en la alfombra roja una deslumbrante pléyade de actrices vestidas con modelos de alta costura, supermaquilladas y con el último retoque de cirugía estética reciente, dando vuelta y vuelta ante las cámaras para mostrar bien el escote de la espalda o su buen trasero. 

     Me he acordado entonces del post de Tawaki y me he preguntado si, puestas a reivindicar su papel de mujer-no-objeto-sexual, no hubiera sido más efectivo que el discurso acudir esa noche a la entrega de los Oscar en chándal, zapatillas de deporte y sin maquillaje.

18/2/18

Machado, Trump y una otitis



     Mis padres me contaban que fui una niña muy buena, que no lloraba nunca. Solo, a poco de nacer, cogí una otitis y berreé durante varios días (y noches, que es peor). Ahora, por los mismos días pero muchas décadas después, vuelve la otitis y compadezco a aquella criaturica y aquellos jóvenes recién estrenados como padres. 

     Y como, en estas condiciones, una no da para mucho, me limito a copiar un artículo que he leído hoy en IDEAL y que me ha gustado. Lo firma Alejandro Pedregosa y se titula

MACHADO VS TRUMP

     Me ocurrió el martes pasado. Iba yo paseando mis pensamientos por la calle cuando de pronto me encontré rodeado por un grupo de niños con uniforme escolar. Me estaba echando mano al bolsillo para comprar la papeleta de turno cuando una niña, algo ruborizada, tomó la iniciativa y me tendió un papel enrollado. “Queremos regalarle un poema”, me dijo. Quedé atónito. “Es por San Valentín”, me aclaró. Les agradecí mucho el regalo y les propuse que leyéramos juntos el poema. Hubo revuelo de risas y achuchones, hasta que finalmente nos sentamos en un banco de la Carrera de la Virgen. Supuse que se trataría de un acceso juvenil de romanticismo (y estaba dispuesto a alabarlo fuera cual fuera su calidad), pero para mi asombro los chavales se descolgaron con un delicado poema de Antonio Machado, concretamente aquel que empieza: Soñé que tú me llevabas/ por una blanca vereda… Estuvimos un rato hablando de Machado y les recité algunos poemas que llevaba en la memoria: Era un niño que soñaba/ un caballo de cartón… Cuando nos despedimos todos estábamos de acuerdo en que habíamos compartido algo importante. Algo parecido a una emoción. 
     Ese mismo día, muy lejos de la Carrera de la Virgen (en una ciudad pequeña del estado de Florida), un chaval llamado Nikolas Cruz entró, escopeta en mano, en su antiguo colegio y celebró su particular San Valentín asesinando a diecisiete personas y dejando malheridas a otra decena larga. Sabemos sin género de dudas (mientras los familiares entierran a sus muertos), que no va a ser el último caso y que en los próximos meses más gente va a morir en los colegios americanos por arma de fuego. A lo mejor a usted (como a mí) le parece aterrador que un adolescente de diecinueve años guarde en su casa un arsenal, pero es que ni usted ni yo entendemos de esto un carajo. Lo inteligente, lo adecuado, es precisamente lo contrario, que todos los chavales acudan al instituto con sus propias armas, para así poder defenderse en caso de asalto. Y es que para muchos estadounidenses la libertad se cifra precisamente en la posibilidad de tener un arma de autodefensa que, según te haya sentado el batido o la hamburguesa, se puede convertir en arma de ataque, porque total, también hay algo libérrimo y personalísimo en saltarle los plomos al vecino de enfrente. 
     Dice Trump que la cosa no es para tanto. A lo mejor si el asesino hubiera sido negro sí ponía el grito en el cielo (en su cielo de rubios, lechosos y cristianos, claro está) Los problemas del mundo son complicados, pero la vida por lo general es muy simple. Se trata de darle a los chavales un poema o un arma. Elegir entre Antonio Machado o Trump. A lo mejor  usted y yo lo tenemos claro, pero ¿sabe cual es nuestro problema? Que usted y yo en el mundo que se avecina, empezamos a ser minoría.  
   

6/2/18

Un hombre





     Cuando pienso en él, la primera palabra que me viene a los labios es honradez,  pues eso era: un hombre honrado, íntegro, cabal. Un hombre que, en los cargos que ocupó, tuvo ocasiones de sacar dinero extra y nunca lo hizo, porque su conducta era siempre una línea recta que no dejaba lugar a dudas. Lo que tenía se lo ganó con su trabajo, trabajando muchas horas al día y muchos días al año. Y trabajando bien, poniendo perfección y arte en todo lo que hacía, desde el más complicado plano para cuando el gobernador de turno se quería lucir ante un ministro, hasta las florecitas de la lámpara de un dormitorio infantil.
     Pero es que, además, era amigo, le dio siempre mucha importancia a la amistad y, a pesar de su mucho trabajo, de sus muchas ocupaciones, siempre encontraba tiempo para los amigos. Hasta que se fue quedando solo con el paso de los años y, cuando daba su paseo de jubilado por el centro, decía amargamente: Voy a Puerta Real y no conozco a nadie. Tengo ya más amigos en el cementerio que aquí
     Y tenía aficiones, todas relacionadas con el arte. Las exposiciones, los museos, la fotografía principalmente. Parece que lo estoy viendo cuando salía a hacer fotos con su cámara –que él llamaba “máquina”- colgada,  y el telémetro y fotómetro, que acompañaban entonces a las cámaras analógicas.
     A veces pienso que su día tenía más de 24 horas, pues a pesar de todo lo anterior, no recuerdo que jamás desatendiera a su familia. Ni a la mujer con la que compartió su vida durante 59 años ni a su hija. Que, por cierto, era yo, pues este hombre honrado, trabajador y artista del que hablo fue mi padre. Y  hoy hace 24 años que no está conmigo.

Actualización.

     Gracias a la amabilidad del amigo Landahlauts, tengo una foto del cuadro completo que, aunque él dice que es “regular” nada más, es infinitamente mejor que las que yo saqué. Pero como si la pongo en el lugar de la mía se queda sin sentido alguno de los comentarios, mejor la añado aquí abajo para que los que volváis por aquí podáis verla.

   


25/1/18

Otra de viejos




     Me cuenta una amiga que se le ha estropeado un teléfono propiedad de la operadora, así que llama a Averías y le llega un técnico, que lo revisa y le dice que no tiene nada. 

     -Pero mis amigas me dicen que no me oyen…

     -Señora, eso será que sus amigas son también mayores y están sordas.

     Y se va. 

* * *

     Me cuenta un amigo que va a comprarse un chaquetón y le advierte al chico que lo atiende que no lo quiere muy caro. Este le dice con un gesto de complicidad: 

     -Tampoco hace falta que dure muchos años ¿verdad? 

* * *

     Me cuenta otra amiga que tiene un televisor antiguo, de los de “joroba” por detrás, se avería y llega el técnico, que pretende colocar una pieza muy cara. Ante esto, ella le dice: 

     -¿No será mejor que me compre otro? 

     -A su edad ya no vale la pena, no lo va a disfrutar. 

* * *

     Me cuento yo misma que le hablo a la chica que me limpia la casa de un premolar que me está dando guerra y que la dentista trata de arreglarlo para no dejarme una mella que se vea al reírme. Y ella dice:

     -Claro, como que a tus años no te vas a gastar 2.000€ en hacerte un implante. 


¿Debemos disculparnos por seguir vivos?

14/1/18

En la caja





     Hace unos días, en la caja del supermercado, pago y recojo los artículos. Mientras, la señora que viene detrás habla con la cajera.

     -Que bueno que terminó la Navidad. Se acuerda una tanto de las personas que están lejos…

     Yo la miro y le digo.

     -Y de la Argentina. ¿Verdad?

     -¿Cómo lo sabe?

     -Porque tengo amigos allí y reconozco el acento.

     -Pues sí, se añora la tierra, pero acá tenemos una tierra muy bonita que hemos elegido para vivir.

     Mis compras ya están en la bolsa, me despido, le deseo un buen año y ella a mí. Pero, de pronto, me vuelvo, la abrazo y poco menos que salgo corriendo un poco avergonzada del arrebato.

     Si la vuelvo a ver no la reconoceré. Solo se que era bastante más joven y que decía “yo” como Carlos Cano en Malena.